Obtenido por Michael Zhan en Yixing
A finales del otoño, Michael Zhan se desvió de sus habituales viajes de aprovisionamiento por Yunnan y Fujian. Viajó al este, a Yixing, no en busca de teteras, sino de mascotas de té — esas pequeñas compañeras de arcilla que habitan en la bandeja de gongfu. En un taller familiar en las afueras de la ciudad de Dingshu, encontró a un maestro que trabaja exclusivamente con mineral zhuni de la mina Xiaomeiyao. La arcilla es notoriamente difícil de modelar; su alto contenido en hierro hace que se encoja de manera desigual durante la cocción, y solo una fracción de cada carga del horno sobrevive.
Michael pasó una tarde observando cómo los pulgares del alfarero daban forma a los pixiu — cada uno una pieza original esculpida a mano, no hecha con molde. Seleccionó este pixiu en concreto por la línea tensa de su lomo y el porte alerta de su cabeza, como si estuviera a punto de abalanzarse sobre una nueva sesión de té. La firma se estampó en el vientre antes de la última cocción, una práctica que la familia ha conservado durante tres generaciones.
El rojo zhuni produce una pátina especialmente vívida. A diferencia del zini, más poroso, adquiere el color lentamente, recompensando la paciencia. Michael regresó con ocho pixiu de aquella hornada — cada uno numerado, fotografiado y guardado en una bolsita de lino hasta que llega a una bandeja. Afirma que el mejor momento para adquirir una mascota de té es antes de que tenga historia; el primer té que se vierte sobre ella se convierte en el cimiento de una conversación que durará una década.